Por: Arturo Huertas Ceballos. Diciembre de 2006.
Cuando escribo sobre El Taxista, no es el titulo de una película de cine producida hace varios años; es el nombre genérico con el cual identifico a una persona que tuve la fortuna de conocer hace unos días.
Debía desplazarme desde el norte de la ciudad hasta el tradicional barrio de La Soledad a cumplir con un compromiso académico, y por razón de la restricción vehicular tome un automóvil de servicio publico que era conducido por una persona la cual en ese momento calculé unos 65 años de edad.
Inicie mi conversación con él con algunas preguntas referentes a su profesión;
"¿Hace cuanto conduce taxi?" No mucho, señor hace unos cinco años!
"¿Qué hacia usted antes?" Trabaje durante 25 años en un empresa y me jubile; ahora estoy pensionado, pero no me gusta estar desocupado y por eso trabajo en este taxi, que es de mi propiedad.
"¿Y cómo es su horario de trabajo?"; Yo salgo a trabajar en el taxi a las 07:00 de la mañana, y le doy hasta que completo mi meta!
"Bueno, y ¿cuál es su meta?" le pregunté.
Me respondió con una leve sonrisa en sus labios; "Mire señor, mi meta todos los días es ganarme sesenta mil pesos ($60.000) por cada día de trabajo; una vez los tengo reunidos, como a las dos de la tarde, me voy a descansar a mi casa, para estar con mi familia", a lo cual vino mi nueva pregunta, movido por la curiosidad que me causó la respuesta;
"¿Y por qué no trabaja unas horas más, para ganarse algo más de dinero?"; me miró, aun con su leve sonrisa y me dijo;
"Señor, yo tengo una pensión, tengo una casa propia, mis hijos son grandes y ya no requieren de mi ayuda económica; yo trabajo para no estar desocupado, y bien podría trabajar hasta las 08:00 de la noche y seguramente podría ganarme otros sesenta mil pesos"…… guardó silencio unos segundos y continuó con su respuesta
"¿Sabe una cosa, señor?", hubo una breve pausa y continuó; "Ese dinero que me podría ganar trabajando más horas, yo no lo necesito; con lo que gano es suficiente para mi y para vivir tranquilo con mi familia, pero hay otros taxistas que necesitan mucho más que yo ese dinero….. Entonces, por que no dejar que ellos se lo ganen y mejoren sus condiciones?"
Me grabé las respuestas, una a una, y palabra por palabra, y continuamos el recorrido hasta mi destino; cuando procedí a bajar de su vehiculo una vez cancelado el importe del servicio, se despidió agradeciendo que hubiera usado su taxi para mi recorrido e inició de nuevo su marcha; me quedé mirando como desaparecía en el horizonte integrándose de nuevo al intenso tráfico en movimiento y reflexionando sobre mi conversación con el taxista, a quien espero volver a encontrar cada vez que necesite utilizar este medio de transporte.
¿Cuántas personas a nuestro alrededor piensan y actúan como el taxista de este artículo, y cuantas de ellas tienen la capacidad de renunciar a la ambición de atesorar y permitir que los demás obtengan los $60.000 a los cuales este personaje renuncia todos los días, pensando en los demás?
¿Cuántas personas a su alrededor, renuncian a los $60.000 adicionales, para dedicar su tiempo, compartir y encontrar en su familia, paz y felicidad?
¿Cuántas personas quieren seguir sintiéndose útiles y no renuncian a estar activos por el hecho de estar pensionados?
¿Cuántas personas ó empresas a nuestro alrededor manifiestan su agradecimiento y gratitud por haber utilizado su taxi, comprado sus productos, ó haber utilizado sus servicios?
Y tan importante sobre mis reflexiones anteriores; ¿Cuántas personas a su alrededor responden a sus preguntas con una sonrisa en sus labios, aunque ella sea leve? ¿Recuerda alguna organización ó empresa, en la que la sonrisa de sus miembros sea un logotipo no formal de la misma?
¿Sabe usted qué se necesita una cantidad pequeña de músculos para sonreír y una, muchas veces más grande para mostrar enojo en su cara?
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