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Error de cálculo

Por: Camilo Andrés Aljure Saab julio de 2006

 

De cierta manera hemos aprendido a vivir con la violencia, hasta tal punto que se hace normal y tolerable padecerla e inconsistentemente ejercerla. En ocasiones lamentamos tener que vivirla y en otras juzgamos a quienes la generan. Pero casi siempre cometemos un error de calculo al decir: "El 99% de los colombianos somos gente pacífica y tan solo un 1% de los colombianos son violentos". ¿Por qué es un error afirmarlo? Porque no solo con la fuerza física o con las armas se puede ejercer violencia. Basta sólo con contemplar una de ellas: la violencia psicológica, definida como "todo tipo de acción de la vida emocional y afectiva de un individuo que genera múltiples conflictos, frustraciones y traumas en forma temporal o permanente y que a su vez afectan su desempeño y sus relaciones interpersonales". Este tipo de violencia se puede manifestar a través de comportamientos cotidianos basados en la indiferencia, en el no reconocimiento de las cualidades y aportes de los otros, en el simple hecho de no saludar, en la impuntualidad, en la crítica destructiva, en el tener un semblante agresivo, en el oponerse sin razón o sin argumentos válidos a las nuevas ideas o en el hecho de tomar la palabra que le corresponde a otros, entre algunos ejemplos. Infortunadamente no somos plenamente conscientes de nuestra actitud y de nuestra forma de comunicar, muchas veces violenta, ¡y lo que es peor! mucho menos somos conscientes de las consecuencias sobre el estado de ánimo, el bienestar y la productividad de las personas.

Comportamientos como los descritos no sólo desmotivan, contagian de pesimismo y generan temor sino que, lo que es más grave, crean barreras de comunicación y destruyen las relaciones interpersonales. Pero, sobre todo,  ¡matan la confianza! ¿Y qué implica matar la confianza? La ausencia de confianza disminuye sensiblemente la disponibilidad o actitud de las personas o grupos para compartir conocimientos, para actuar colectivamente y para asumir riesgos y, por tanto, tiene importantes efectos sobre el proceso de aprendizaje, sobre el capital social y sobre la capacidad de innovación de una sociedad.  Capacidad y características de las cuales necesitamos tanto para afrontar los retos actuales y los que se avecinan para nuestra sociedad colombiana que sin duda tiene, en el cambio de paradigmas y de patrones culturales, una oportunidad importante de desarrollo.

 

Camilo Andrés Aljure Saab
 
Consultor organizacional, catedrático y estratega de comunicación