Por: Fernando Baquero. Marzo de 2006.
El poder de las palabras es sencillamente asombroso. Por años hemos vivido atados a palabras como violencia, muerte, narcotráfico y subdesarrollo como si nuestra cultura, nuestra nación, necesitara recurrentemente de ellas para sobrevivir. Después de luchar décadas contra estos estereotipos seguimos encontrando que las palabras nos hieren: el término colombianización está siendo utilizado como sinónimo de violencia, narcotráfico y corrupción. La Fundación Yo creo en Colombia está realizando una campaña para que no dejemos que el lenguaje nos siga definiendo como una nación sin progreso, sin esperanzas.
Aún más importante que unirnos a esta protesta, es que nosotros seamos los artífices de nuestra realidad. Es hora de definir nuestro propio lenguaje, de construir la terminología que acompañará a la sociedad colombiana durante este y el próximo siglo. Si el lenguaje define nuestra realidad, es imperativo que seamos proactivos en la creación del lenguaje positivo que utilizaremos en la estructuración de nuestra nación. Para esto debemos empezar a soñar con las palabras que usaremos para describir nuestras actividades de innovadoras, creativas, llenas de sentimientos positivos de desarrollo, igualdad y paz.
Empecemos a hablar de lo colombiactivo como sinónimo de la visión colombiana de construcción de una nación. Usemos este término para referirnos a todo aquello que se asemeje a esa actitud diligente, laboriosa, despierta y apasionada única de los colombianos. Construyamos día a día este sentimiento para que otras personas puedan hacer alarde de lo colombiactivo de sus procesos o de sus visiones.
Cuando estemos de paseo en otros países y veamos un hermoso paisaje, podemos referirnos a lo magnilombiano que es, es decir a lo espectacular y variado de la naturaleza, a una combinación única de colores, fauna y flora que solo se puede describir refiriéndola a la enorme biodiversidad colombiana. Cuando veamos una especie animal o vegetal que nos llene la cabeza de pensamientos hermosos, describámosla como magnilombiana.
Describamos como colombinquieta a una persona cuando no se contenta con lo que tiene, cuando no es pasiva ante su sociedad y cuando siempre está encontrando nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos caminos para la creación de bienestar. Despertémonos todos los días con un sentimiento colombinquieto de progreso, mejora continua y desarrollo personal.
Hablemos de lo colombinnovador de un producto cuando tenga en él toda la recursividad, imaginación y creatividad típica de nuestros productos y servicios. Imaginemos que lo que estemos haciendo en nuestros trabajos no debe ser tan sólo bueno u original, debe ser colombinnovador para que realmente tenga el impacto positivo que deseamos.
Observemos lo cienticolombiana que puede ser una persona cuando posee la inteligencia e imaginación de los científicos colombianos. Cuando nos maravillemos de un invento digamos que parece cienticolombiano, refiriéndonos a que tan sólo una mente tan inventiva y creadora como la colombiana podía haberlo hecho.
Describamos lo felizlombiano que vimos a alguien cuando nos demos cuenta que no le cabe la dicha en el corazón, que una sonrisa es poca para describir la felicidad que es tan solo comparable con nuestro sentimiento de alegría de vivir en un país tan espectacular como Colombia.
Las posibilidades del idioma definen a las sociedades, a su forma de pensar y a sus acciones. Si nosotros creamos desde hoy mayores posibilidades en nuestro lenguaje para que en él se defina nuestros sueños, daremos un enorme paso en la creación de una cultura idealista. Algunas palabras nos sonarán raras, hasta feas en un principio. No importa, lo realmente importante es que aprendamos que si bien el lenguaje define nuestra realidad, somos nosotros los que definimos nuestro lenguaje, nuestra realidad y nuestro país.
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