Por: Vladimir Salazar Arévalo. Noviembre de 2006.
El Desierto de la Tatacoa es un lugar místico, lleno de una estoica belleza, donde la erosión, pacientemente,ha creado extensos laberintos de tierra, enormes cráteres semejantes a los de un paisaje lunar, así como enormes abismos coronados por cientos de picos de tierra y mesetas donde el suelo cambia de color dependiendo de la hora, en el día predominan el rojo y el gris.El primero aparece en torres y colinas y el segundo campea en filigranas preciosistas.
Al atardecer el desierto se torna de un color naranja intenso, como si todo el lugar estuviera en llamas.
La tatacoa no es en realidad un desierto, sino un bosque seco tropical. Su nombre es el mismo que le dan en esta zona del departamento a las serpientes de cascabel. El lugar es caliente de día y fresco en la noche.
En este mágico lugar reinan los cactus, algunos de los cuales alcanzan cinco y cuatro metros, y producen una baya roja comestible, así como algodón de monte.
El silencio y la paz actual contrastan con su violento pasado, si se escucha con atención aún se pueden escuchar los gritos de guerra de las hazañas de los nativos: Doches, Totoyoes y Pijaos en contra de los españoles. Precisamente la feroz resistencia nativa y las inclemencias del medio, llevaron a los conquistadores a llamar al lugar "El Valle de las Tristezas".
A simple vista el desierto carece de fauna, pero al adentrarse en él se pueden observar la presencia de Serpientes de cascabel, arácnidos (arañas y escorpiones), águilas, lagartos y comadrejas.
El que hoy es lugar árido , fue hace millones de años una selva exuberante, hogar delgigantesco Megatherium , delGliptodont , el Stirtonia tatacoensis, que deambularon por estas tierras durante el Pleistoceno, también se han descubierto los restos de Ammonites (380 millones de años), Toxodon, Coprolites, Deinoterios, Notoungulata, Astropotherildae e Interatherildae (20 millones de años) seres que vivieron durante el Cretáceo, Jurásico y Triásico.
Además se han hallado los fósiles de moluscos, tortugas, roedores, armadillos y perezosos gigantes (algunos del tamaño de un elefante y de más de 60.000 años de antigüedad), estos hallazgos han llevado a los científicos a plantear que para albergar y mantener tal diversidad de fauna del terciario y la época pleistocénica, la Tatacoa debió tener originariamente una flora pródiga, diversificada en especies y estratos arbóreos vegetales. Muchos de estos fósiles se pueden observar en el completísimo Museo Arqueológico que funciona adyacente al parque de Villavieja.
Allí, un erudito agente de la Policía de Turismo, costeño de nacimiento pero opita de corazón , mezcla entre Carl Sagan y "Francisco el Hombre", los guiará a través de las exposiciones de fósiles de criaturas que parecen salidas de una película de ciencia ficción y representaciones a escala del mundo en que ellas habitaban.
De noche el cielo de la Tatacoa vibra con una intensidad única. La bóveda celeste puede apreciarse aquí como en ningún otro lugar, usted no sabe que es un cielo estrellado hasta que no ha pasado una noche allí.
Los cuerpos celestes pueden ser apreciados en toda su majestad en el moderno observatorio, donde un astrónomo profesional le enseñará los secretos del cosmos.
En medio de la noche de la Tatacoa no se necesita tener mucha suerte para apreciar el efímero pero sublime recorrido de una estrella fugaz, apreciar en toda su magnitud distintos cuerpos celestes o deslumbrarse con cientos de rayos que desgarran la noche durante una lluvia de Leonidas.
Por su excelente ubicación geográfica y la ausencia de construcciones y la vastedad del lugar, laTatacoa es uno de los lugares favoritos de los aficionados o profesionales de la astronomía.
Pasar una noche a la intemperie en la Tatacoa es sumergirse en el infinito.
La zona está habitada por unos cuantos pobladores, famosos por sus platos típicos a base de chivo, además de su hospitalidad con el turista, al que siempre están dispuestos a atender.
La más famosa de ellos es la "reina del Desierto" una anciana que habita allí completamente sola y que guarda todos los misterios de esta austera región.
También se encuentra allí un espacio ideal para la práctica del ciclismo de montaña y otros deportes de aventura por su accidentada y extensa geografía.
Pero ir a la Tatacoa es ante todo un viaje espiritual. La silenciosa e inmutable vastedad del lugar y la eléctrica noche invitan al recogimiento, a la búsqueda de sí mismo, es un lugar para aquellos que no van en busca de un viaje sino de una aventura
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