Tres meses después

Por: Nicolas Guillot. Mayo de 2006.

En 1998 tuve la posibilidad de regresar a Francia, país en el que nací, para realizar algunos estudios relacionados con la Unión Europea y sus relaciones con América Latina. El viaje, previsto inicialmente para estudiar durante algún tiempo, se transformó en una estadía de siete años donde el turismo, las amistades y la experiencia laboral tuvieron su lugar igualmente.

Sin embargo, nunca me desligué de Colombia, no sólo por razones familiares, sino también porque era indispensable para mí regresar al país una vez al año. Indispensable porque Colombia me acogió con los brazos abiertos cuando me trajeron por primera vez a los cinco años, porque finalmente fui criado aquí y aprendí a saborear su gastronomía, el carisma de su gente, su música, el clima y sus paisajes entre otras cosas. Mi vínculo con Colombia ha sido tan fuerte, que a pesar de haber nacido en Francia, siempre me presenté como colombiano ante la gente en ese país. Sentía orgullo, y me gustaba generar curiosidad en mis interlocutores. En diciembre de 2005 decidí regresar a Colombia, dejar todo lo que había podido construir en el "hexágono" y arrancar de nuevo aquí. No podía ser de otra forma, para mi se trataba de ser consecuente con lo que pensaba, lo que sentía y lo que me hacía falta.

Tres meses después de haber regresado, debo decir que no me arrepiento en lo más mínimo. Tuve la oportunidad de reencontrarme con amistades de vieja data, de viajar un poco por tierra sintiendo que el país "me pertenecía", de comer con gusto cuanto bocadillo, pan de bono, queso o fruta me ofrecían en los pueblos que visité. Es cierto, no todo es perfecto, también me reencontré con los trancones, algunas calles que no tienen presentación, colas largas en una que otra entidad…. Pero como decía algún profesor uruguayo que tuve la suerte de conocer: "(…) le charme de l’Amérique Latine, c’est aussi le chaos." ( (…) lo atractivo de América Latina, también es el caos).

De cualquier forma, son más numerosos los motivos de orgullo que esos inconvenientes cotidianos. En alguna oportunidad tuve la posibilidad de escribir un texto, en el que decía que existía otra Colombia, una nación honrada que se esfuerza y trabaja duro diariamente (la gran mayoría de los colombianos) y que también puede tener éxito a nivel internacional en ámbitos tales como el arte, la literatura, la ciencia, el deporte, entre otros. Basta con echarle un vistazo al talento artístico de Fernando Botero, a la magia literaria de Gabriel García Márquez, a las investigaciones científicas de Rodolfo Llinás y Manuel Patarroyo, a la tenacidad de deportistas tales como Juan Pablo Montoya (quien con su presencia en la F1 nos hizo descubrir carreras menos aburridas que las anteriores donde siempre ganaba "el mismo") Santiago Botero y Maria Luisa Calle, o al talento musical de Juanes.

Nuestro país es más apreciado de lo que creemos en el extranjero. ¿Y tú, qué haces por Colombia? ¿Crees en tu país?

Nicolas Guillot
Analista relaciones Unión Europea-Colombia