Con frecuencia, valoramos lo nuestro cuando lo miramos comparativamente o cuando lo perdemos. Para poder comparar objetivamente, el contexto es fundamental. ¿Qué tan buena es la ciudad de uno?, ¿Qué tiene que otras ciudades no tienen?, ¿Cómo se siente uno en esa ciudad?.
Mateo es un joven bogotano quien combina 2 dotes: es artista y cocina delicioso. El ha montado un negocio bien interesante. A través de ese negocio él está logrando varias piezas de su misión de vida. El logra unir gente quienes están en conflicto o quienes necesitan mejorar su habilidad de trabajo en equipo y los pone a pintar colectivamente un mural y a preparar colectivamente una comida gourmet colombiana.
Colombia es el país del mundo donde más ha crecido la confianza en los últimos cuatro años según el Sondeo Mundial de Valores elaborado por la Universidad de Michigan y la organización RADAR. La base era bien baja y el avance ha sido impresionante. Si bien hemos crecido mucho, todavía el 68.4% de los colombianos opinan que si el otro pudiera, se aprovecharía de el. Esto nos hace un pueblo desconfiado. Los paradigmas tales como el paradigma de la papaya, refuerzan esta desconfianza.
Un carpintero boyacense con un nombre interesante, Rubicundo Hastamorir, fue reclutado para ir a trabajar con una multinacional en Arabia en 1978. Al percatarse que no se podía tomar trago, tomó la decisión de encargar grandes cantidades de panela para hacer guarapo guandolo (bebida fermentada de panela con cáscara de piña). La bebida que inicialmente era para él, fue contagiándose a otros compañeros de trabajo. Habían varios frentes de trabajo – colombianos, belgas, alemanes, norteamericanos, franceses y el que más avanzaba era el de Rubicundo, compuesto por obreros, técnicos e ingenieros colombianos.
Si miramos alrededor nuestro cuantos edificios desocupados, cuantos terrenos baldíos, cuanta maquinaria, tecnología y herramientas subutilizadas, cuanto producto de segunda y desperdicio industrial que se desecha, cuantos conocimientos e ideas que no se comparten, cuantos pares de zapatos en las casas y apartamentos de los colombianos que nadie se hay puesto en seis meses, cuanta comida que se bota cada día, cuanto dinero en cuentas produciendo nada, cuanta riqueza inerte.
Estuve recientemente reunido con un francés de abuelos colombianos quien trabaja para Paris Match una de las principales revistas europeas. Jerónimo, este joven y unos de sus colegas me entrevistaron para una edición especial que sacarán en la cual resaltaran a Colombia. Dos de los tres europeos llevan ya varias semanas en Colombia. Aproveché nuestra reunión para hacerles una pregunta: “si usted se encontrara con el editor de su revista en un ascensor, y el editor le preguntara sobre Colombia, usted qué le diría?”
“60% del tiempo laboral dedican los colombianos realmente a trabajar. El resto se va en reuniones o en vida social en la oficina, aseguran los consultores”.
La historia de Colombia es tal vez nuestro tesoro más preciado, por las diferentes batallas, los actos de coraje, de heroísmo y de estrategia, por el espíritu de lucha y el amor por la patria de aquellos que nos libertaron. Actualmente existe una gran brecha entre la historia que se dicta en los colegios, universidades y la que se encuentra en los libros con respecto a lo que realmente fue. Si miramos la campaña libertadora de 1819, vemos que se escapan muchas de las anécdotas que sucedieron, ¡la historia parece no tener sentimiento!
Dicen que los desiertos no tienen vida. Que son lugares desiertos de vida, desiertos de verde, desiertos de fauna... desiertos de energía. Dicen que los desiertos son como la gente sin sueños, sin pasión, sin luz en los ojos…lugares inertes.
Con las pruebas de ADN y los detectores de mentiras, la investigación criminalística ha hecho algunos avances. Pero, lamentablemente, la naturaleza humana sigue siendo la misma. E idénticos son los móviles de los principales crímenes, muchas veces la ambición de los bienes ajenos, y otras tantas los malos amores. En esta crónica relato dos asesinatos ocurridos uno en Bucaramanga y otro en Manizales, cuando ambas ciudades eran apenas pequeños pueblos provincianos. Con los recursos de la época los criminales lograron ser identificados.
La vida trae consigo sorpresas, sin importar la edad, o el sexo, siempre nos enfrentaremos a situaciones inexplicables y emocionantes. Traigo al caso una persona de 50 años joven, tierna, dulce y muy bella. Su apodo de toda la vida es “KIKA”.
De manera constante nos pasa que deseamos estar en otro sitio del mundo e incluso pagamos considerables sumas de dinero por verlo, dinero que es superado por el dinero lo que los extranjeros pagan por visitar las tierras colombianas.
Pamplona puede ser un lindo sitio para morir. Ahí cerca cayó herido y agonizó en 1532 el sanguinario Ambrosio Alfinger; y el conquistador Ortún Velasco, fundador de la ciudad en 1549, la escogió para criar a sus hijos y morir allí de viejo. Pero morir en Pamplona no debía estar en los planes del general venezolano José Antonio Anzoátegui cuando llegó allí ostentando el pomposo título de Comandante en Jefe de los Ejércitos del Norte. Con 29 años, este general de división, veterano de 37 acciones de guerra, y que había comandado las alas central y derecha de los ejércitos patriotas en Boyacá el 7 de agosto, era después de Bolívar y Santander el militar neogranadino de más alto rango.
Leonor Espinosa es una reconocida chef del país dueña de su propio restaurante ubicado en Bogotá. Es cartagenera, su familia de Sucre, economista y publicista, dedicada a la gastronomía colombiana hace más de 10 años. Luego de superar diferentes obstáculos, logró que su restaurante recibiera un reconocimiento como uno de los mejores del mundo por lo que se convierte en un modelo de mujer colombiana.
Siempre he sido un enamorado y apasionado por mi país, pero no sabia cómo canalizar o aportar en su construcción.
Estuve de fin de año en la capital del Meta y puerta de entrada del Llano, en la gran ciudad de Villavicencio. Es una ciudad que a tan solo dos horas de Bogotá ofrece un clima caliente espectacular, gente amable y con gran sentido de pertenencia, ambas cualidades ideales que hacen del capital humano uno de sus fuertes para el desarrollo del turismo. También ofrece una excelente gastronomía típica de la región que puede mezclarse con buen ambiente de rumba, paisajes hermosos (el más imponente y bello que he visto en mi vida), ríos, etc. Es una ciudad que invita a quedarse para admirarla.
Como parte de mis tareas de INCIDE un proyecto del PNUD que busca hacer un estudio del estado de la Democracia en la ciudad de Pereira debía preguntarle a alguien que nunca haya tenido un cargo publico ni que haya participado en ningún proceso político que pensaba de los políticos, encontré a Natalia Ramírez una compañera de clases de la universidad que hacia unos álgidos debates cuando de temas jurídicos nos referíamos pero que misteriosamente guardaba silencio en nuestras acaloradas discusiones políticas.
Resulta que una vez, hace muchos años, se reunió un grupo de cocineros en Cartagena para participar en el concurso que elige al mejor cocinero del mundo. Había un cocinero Alemán, un cocinero Italiano, un cocinero Francés y un cocinero Colombiano. Como todo concurso, este tenia un juez; y este era brasilero.
Estuve visitando recientemente Genzyme - la tercera empresa más grande de los EEUU en biotecnología. Lo que más me impresionó no fue la forma como a partir de células de oveja y conejo desarrollan soluciones a enfermedades antes no tratadas; tampoco fue las instalaciones multimillonarias; tampoco el acuerdo que hicieron con Harvard de arrendar el terreno por 150 años y luego donarles el espectacular edificio al lado del Río Charles; tampoco la cantidad de dinero que invierten en investigación; tampoco el hecho de que cada frasquito con medicina se vende a un promedio de US$3,000; tampoco el rigor que le ponen a todo lo que hacen desde el procedimiento más sencillo hasta el más avanzado.
Después de más de 5 años de vivir en México estuve en el Estadio Azteca viendo como América (el de México, no el de Cali) humillaba a Cruz Azul en las semifinales del torneo mexicano. Yo le iba a Cruz Azul porque siendo hincha de Nacional no puedo irle a nada que se llame América, no importa la ciudad del mundo donde juegue.
Escuché muchas historias en este fin de año…la mayoría positivas. Parece ser que cada vez hay más gente buscando construir unos referentes diferentes de Colombia y logrando encontrar aquello que si funciona. También parece que el paradigma de que tú vales por tu capacidad de destruir está cediendo ante un nuevo paradigma de que tú vales por tu capacidad de construir.
31.12.06.11.59.58 puede parecerle un titular muy particular para una columna de un diario e, incluso, puede generarle cierta curiosidad. ¿Qué significa ese número? Es una pregunta que he tenido oportunidad de hacer en diferentes auditorios al tratar temas de emprendimiento, liderazgo y afines y que ahora, durante la transición de año, de 2006 a 2007, época en la que nos formulamos muchos objetivos y propósitos, me parece apropiado compartirla con usted.
A diferencia de la vecina ciudad de Popayán que ha dado a luz a ocho presidentes, Pasto sólo parece haber sido la cuna de antihéroes. Muchos colombianos ven a Pasto como una ciudad en los confines del mapa, por allá aislada del resto del país. Da la impresión de que nada importante para la historia de Colombia hubiera ocurrido allí. No hay, pues, una Convención de Pasto, ni un Acuerdo de Pasto, ni siquiera una Batalla de Pasto, como las hay de Ocaña, de Cartagena o de Boyacá.
Iba caminando por una calle de Oxford Inglaterra y me tope con un estudiante de maestría de Biología. Le pregunte que si conocía Colombia, me dijo que no y procedí a contarle que con 55.000 especies de plantas con flores y 10) de las especies de plantas y animales, somos la nación mas biodiversa del mundo por metro cuadrado.
No es lo mismo 10 años de experiencia que un año de experiencia repetido 10 veces. No permita que, con el tiempo, usted sufre del "Síndrome del Producto Terminado", como la define Miguel Angel Cornejo, contraído por quienes muertos en vida renuncian a cambiar para mejorar, con argumentos como: es que yo no sirvo para hacer eso, o, yo siempre lo he hecho así y me ha dado resultado.
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