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Crisis de identidad

Por: Juan Felipe Monsalve marzo del 2007

 

Después de más de 5 años de vivir en México estuve en el Estadio Azteca viendo como América (el de México, no el de Cali) humillaba a Cruz Azul en las semifinales del torneo mexicano. Yo le iba a Cruz Azul porque siendo hincha de Nacional no puedo irle a nada que se llame América, no importa la ciudad del mundo donde juegue. Sin embargo, la tristeza por la derrota ese día y el domingo siguiente me hicieron entender que mi afición por Cruz Azul no era solo para no irle al América y que mi corazón futbolístico ya no era únicamente verde, y que algo de sangre azul corre por mis venas (azul Cruz Azul, no otro, para aclarar).

Pero, analizándolo más detalladamente, esta crisis de identidad no ha sido únicamente por el fútbol; a medida que ha pasado el tiempo en México, son muchos los espacios que este país se ha ganado en los corazones, recuerdos, gustos, aficiones, simpatías, dichos, palabras y hasta acentos de quienes aquí vivimos. A continuación menciono algunas manifestaciones de la crisis de identidad en las que, seguramente, se sentirá identificado: (para quienes leen esto en otros países, al final hay un pequeño diccionario con las palabras o lugares mexicanos mencionados):

1. No ves la hora de que sea diciembre para viajar, nada como las fiestas de fin de año en Colombia, incluso antes de irte hiciste tus intentos (fallidos casi siempre) de buñuelos y natilla con los ingredientes locales… pero llega enero, añoras un poco México y empiezas a sufrir con que a tu regreso te toque el muñequito en la rosca de reyes, la cual, además no te comes acompañada de Atole sino de un buen chocolate Santafereño (con queso y todo), con una que otra empanada atravesada.

2. En Colombia el 20 de julio era una fiesta intrascendente, ya ni sacabas la bandera porque te daba pena que el azul ya se veía morado; en cambio, fuera del país te vas a la celebración de sombrero vueltiao, camiseta de la selección Colombia (sino es que con la del América, Millonarios, Medellín o hasta la del Cúcuta, sin importar que por esa misma pinta le dijiste mañé, ñero o corroncho a mas de uno cuando vivías en Colombia) y dejaste de comer desde tres días antes, para hartarte de morcilla, chorizo, lechona, jugo de maracuyá, cholado y cuanta mercancía del palacio del colesterol se te atraviese, incluyendo el pastel de pollo calentado con bombillo. Saliendo de ahí, empiezas los preparativos para la celebración del grito, ya sea con una fiesta o planeando un escape a Acapulco aprovechando los pocos puentes que hay en México.

3. Tu léxico mezcla indistintamente palabras de ambos países, saludas diciendo “que onda chino”, no supiste como viviste toda tu vida sin palabras como  “que onda”, “está cañón” o “desmadre”, al dar una dirección son infaltables el “topar pared” y  “luego, luego” y cierras acuerdos diciendo “sale”... pero juras que te regresas a Colombia apenas te escuchen el primer “mande?”. Del otro lado, en tu oficina los mexicanos ya resuelven “chicharrones”, saludan diciendo “aló”, te tratan de “doctor” y están “tranquilos” a pesar de que la situación esté “tenaz”.

4. Cuando llegaste el acento mexicano te parecía cantado y único. Hoy diferencias los acentos de las diferentes regiones (norteño, chilango, Guadalajara, tabasqueño  y yucateco entre otros), ahora el “cantado” lo sientes al escuchar el acento paisa en la repetición de RCN noticias que no te pierdes en TV Colombia, y cuando llamas a tus familiares, son ellos los que se ríen de ti porque en realidad eres tú quien está hablando cantado.

5. Tu primer día de muertos quedaste literalmente espantado, fue demasiado para ti ver las ofrendas y el plato de comida para el ser querido ausente, después de haberle pegado a alguien que hizo una calaverita en tu honor porque pensaste que te quería ver muerto. Pero esos tiempos han pasado, ahora eres un fan de este evento, tienes varias “calacas” en tu casa, ya fuiste a ver las celebraciones en Pátzcuaro, el halloween te parece una fuiste gringa y haces tu propio pan de muertos. 

6. Estás al pendiente de los últimos estrenos vallenatos, lloraste con la muerte de Kaleth y en las fiestas no puede faltar “Vivo en el Limbo”, fuiste al concierto de Juanes con bandera de Colombia y unos guaros encima y aunque los últimos discos de Shakira y Carlos Vives no te parecieron tan buenos, les sigues siendo fiel. Pero ahora una fiesta no es lo mismo sin Timbiriche y Alejandra Guzmán, el mejor concierto al que has ido en tu vida es el de Juan Gabriel con la Banda El Recodo y no te explicas porque Intocable no se escucha en las discotecas colombianas.  Del Mariachi ni hablemos, es claro que en Colombia se escuchan más que aquí.

7. Te has vuelto defensor número uno del tequila porque no da guayabo (aunque ahora digas cruda), además eres un conocedor y dominas el proceso de fabricación, has visitado el pueblo de Tequila, hay marcas que definitivamente no tomas, le haces el feo al tequila blanco, te pasas el reposado y disfrutas los añejos. Del aguardiente a duras penas conoces que viene de la caña de azúcar, reconocías las marcas de cada Departamento por la magnitud de la borrachera y el guayabo respectivo y aunque ahora digas que prefieres el tequila, no rechazas un buen guaro cuando te lo ofrecen, argumentando que hace mucho rato que no te tomas uno.

8. Matas por disfrutar un ajiaco, un sancocho, una sobrebarriga, una lechona de Sanandresito o una buena bandeja paisa, sueñas con disfrutar un pollo de kokoriko, una hamburguesa El Corral, una pizza pantalón de Salerno o gourmet de Archie’s o unas arepas de J&C, pero no podrás negar que el día que te vayas te van a hacer falta las quesadillas de San Ángel, unos buenos sopes peleados codo a codo en un tianguis, un pozole de Coyoacán y unos tacos al pastor o de camarón, mientras tanto, estás orgulloso de tu receta para hacer hogao con un poquito de chile (inténtenlo), ya sabes hacer salsa verde y compraste la maquinita para hacer tortillas.

Seguramente saldrán muchas más historias para esta crisis de identidad como para una siguiente entrega, pero por ahora es suficiente. Colombia es nuestro pasado, para unos más cercano que para otros, un presente distante y un futuro soñado, ahí están nuestras raíces y familias, lo que nos ha hecho lo que somos, una presencia que siempre nos acompañará, estemos donde estemos. México es nuestro presente cercano y para algunos el futuro, un país que muy amablemente nos ha abierto las puertas, nos ha brindado oportunidades y se ha ganado nuestro corazón y agradecimiento.

No es una crisis de identidad, al contrario, es un exceso de identidad. Como diría la mamá de la novia en la pedida de mano… “no estoy perdiendo una hija, estoy ganando un hijo”. No estamos perdiendo nuestras costumbres, estamos aprendiendo unas nuevas, no estamos perdiendo un país, por el contrario, estamos ganando dos, pues además de México hemos aprendido a valorar y querer aun mas a Colombia, así que, después de todo esto, no me queda más que decir…. Viva Colombia… Y Arriba México.

Diccionario:

 

Juan Felipe Monsalve
 
Columnista invitado.