Por: Pedro Medina. Noviembre del 2007.
Si miramos alrededor nuestro cuantos edificios desocupados, cuantos terrenos baldíos, cuanta maquinaria, tecnología y herramientas subutilizadas, cuanto producto de segunda y desperdicio industrial que se desecha, cuantos conocimientos e ideas que no se comparten, cuantos pares de zapatos en las casas y apartamentos de los colombianos que nadie se hay puesto en seis meses, cuanta comida que se bota cada día, cuanto dinero en cuentas produciendo nada, cuanta riqueza inerte….
Y luego si miramos qué podría hacer un descalzo con un par de zapatos, una idea y conocimiento, o qué podría hacer una persona con una idea brillante con algo de capital, conocimientos, materia prima de segunda y maquinaria, o qué podría hacer una persona con hambre y sin techo con un plato de comida, una cama y una idea con conocimiento y tecnología.
Gonzalo Arango, el poeta nadaista, escribió unas líneas en uno de sus escritos: Sálvese quien quiera, todos pueden.
Claramente, todos podemos. Claramente, el problema en Colombia no es de falta de recursos. Con abundancia de capital natural, humano, y físico, el reto es desarrollar el capital social. Claramente, el momento coyuntural en el que nos encontramos es único.
Recientemente conocí un médico colombiano, Klaus Myeth, quien compró 30 hectáreas en una montaña y está invirtiendo su tiempo y recursos en crear un bosque que una dos bosques separados por la mano del hombre y los cascos del ganado para que las especies puedan migrar y los nacederos de agua puedan hacer lo suyo. Conocí otro, Simón Hosie, quien montó una biblioteca en guadua en Tierradentro y está haciendo un proyecto similar en Ciudad Bolívar para que la comunidad pueda unirse alrededor del conocimiento. Conocí una mujer, Angela Marcela Hernandez, quien ha puesto a toda su familia a bañarse con un platón dentro de la ducha para que su familia pueda reciclar el agua logrando ahorrar 50% del consumo. Conocí un periodista, Norbey Quevedo, quien está cuestionando el por qué el periodismo investigativo siempre investiga lo que está roto, lo que se encuentra podrido, lo que es oscuro en lugar de lo que ilumina, lo que florece y lo que funciona y lidera un proyecto para que la prensa pueda inspirar. Estos colombianos son parte de una tendencia innovadora hacia responsabilidad social individual y colectiva.
Paulo Lugari, un colombiano que ha puesto en práctica todos los preceptos de la responsabilidad social con su proyecto de renombre mundial, Gaviotas en Vichada, decía: "aquel que se atreve a construir una utopía usa los mismos materiales que tiene a su disposición cualquier persona pero encuentra formas novedosas de combinarlos".
El viejo adagio dice sálvese quien pueda.
Pero el poeta nadaista nos estimula a pensar diferente, a pensar en que el que quiera puede salvarse. Esto implica el construir utopías lo cual, como nos dice Lugari, es posible. Implica una nueva ética de responsabilidad social individual y colectiva. Implica estudiar las tendencias ya existentes en individuos como Myeth, Hosie, Hernandez y Quevedo e investigar empresas que se hayan salido del paradigma que su rol social se logra al crear empleo y pagar impuestos.
Esa tendencia de responsabilidad social está marcada por varias características. Por un lado, respiran autenticidad y sus acciones son consistentes con lo que creen y lo que dicen. Crean su visión global partiendo de fragmentos que toman de los medios. Saben sintetizar los problemas y las tendencias a partir de esos fragmentos y de sus experiencias y relaciones. Les gusta aprender en una forma íntima donde se enganchen con todo el proceso; son personas de visión holista y quieren conocer las interconexiones de cada sistema. Saben que la forma lineal y analítica de ver el mundo ya no aplica en un mundo tan complejo como el de hoy. Les gusta involucrarse en los proyectos de principio a fin. Son generosos con su tiempo, sus conocimientos y su dinero. Respaldan sus valores con acción. Son idealistas y altruistas entendiendo su rol en construir una mejor sociedad. Su activismo es parte de una forma de ver el mundo como algo interdependiente y de verse a si mismos como catalizadores. Tienen una conciencia social bien desarrollada y les preocupa la destrucción del ambiente. Se han alejado de los temas de status, materialismo, egoísmo, hedonismo y cinisismo que reinan a su alrededor.
Todos estos valores son cimientos para una nueva ética de responsabilidad social en Colombia.
Gonzalo Arango, escribió unas líneas que inspiran a muchos:
Una mano mas una mano no son dos manos
Son manos unidas
Une tu mano a nuestras manos
Para que el mundo no esté en pocas manos
Sino en todas las manos
Cómo lograr que el bosque de Klaus Myeth, las obras de Simón Hosie, el ahorro de agua de Angela Marcela Hernandez y las nuevas ideas de Norbey Quevedo nos inspiren a pensar diferente? Cómo contagiar esa idea de Einstein de que debo esforzarme por dar, en la misma medida que recibí y estoy recibiendo? Sálvese quien quiera; puede quien quiera; muchos quieren; muchos pueden ayudarle a los que quieren. Al salirse del CVY (Como Voy Yo) y descubrir el CVT(Como Vamos Todos), empezamos cambios transformacionales. Al cambiar la preocupación profunda por proteger status y estética por una ocupación intensa en construir sustancia y esencia, logramos crear modelos colombianos de responsabilidad social que halen a otros. Al crear un sistema donde los que tenemos y nos sobra podamos apalancar esos excesos para inventarnos posibilidades para los que no tienen, obtenemos un retorno sensacional en nuestra inversión. La responsabilidad social es una forma de entender la interdependencia de los seres humanos y de lograr que Colombia esté en todas las manos.
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