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El cuento de Clara

Por: Clara Caro Octubre del 2008

 

Soy artesana: Aprendí a hacer ropa de manera autodidacta.

Antes de los seis años de edad construía pelucas para mis muñecas en colores brillantes a partir de deshilar satín. 

Por estos mismos tiempos me sorprendí la primera vez que vi a una mujer tejer en dos agujas:

Me pareció sorprendente ver cómo de dos palos sueltos y una bola de hilo surgía una tela, (pensé esa tela se teje en el aire) inmediatamente tomé dos espartos de escoba, fui al cuarto de mi tía y tomé un tubiano de hilo de coser y sólo mirando a la muchacha tejer inmediatamente comencé a hacer lo mismo, fue como si yo lo hubiera hecho siempre.

Pasando el tiempo fui haciendo otras cosas como aves en tela, luego, sastres, sombreros y zapatos para las muñecas, esto siempre en vacaciones durante los estudios secundarios.

Ya comenzando los estudios de diseño industrial en la UN  paralelamente comencé a hacer las tesis de estudiantes de diseño de moda de Taller Cinco, no me día cuenta en qué momento aprendí y comencé a desarrollar todo tipo de prendas (faldas, abrigos para mujer y para hombre, sombreros…) además de desarrollar diseños para las clientas cuyo número crecía voz a voz.

Mis estudios superiores los costeé con este trabajo.

Después de dos años de estudio en la UN, decidí cambiar de carrera por mi facilidad en el trabajo con la moda.

Ingresé a UNITEC a estudiar diseño Textil ya manejaba la parte del diseño de moda y el diseño textil enriquecería mi trabajo además me encantaba la idea de hacer tapices, de estampar, de hacer plagie.

Al finalizar esta carrera me presenté al concurso primera muestra textil de egresados UNITEC con una propuesta de tres trajes para coctel los cuales estaban estampados en batid diseñados y elaborados por mí, y gané el primer premio, una beca en la escuela Arturo Tejada Cano en “diseño y patronee femenino asistido por computador”.

Es importante contar que la profesora Marta Sastre quien me enseñó la técnica de batid me preguntó en este desfile cómo había hecho ese estampado, no tuve más remedio que decirle lo que ella misma me había contestado en una clase cuando le presenté bocetos para estamparlos en batid y me contestó que no me podía enseñar por que tendría que decirme secretos de la técnica que había descubierto por su cuenta.

¿Qué hubiera pasado si ella hubiese querido compartir conmigo lo que descubrió?

 

Clara Caro
 
Columnista invitada