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El potencial del agro colombiano

Por: Alberto Montoya Fayad Octubre del 2008

 

Sin duda alguna la agricultura colombiana tiene un inmenso potencial, a lo cual quisiera agregar algunos elementos que se deberían o podrían tener en cuenta en la planificación futura del sector, como una mirada hacia un futuro próspero, sostenible y rentable.

Lo primero que tenemos que entender es donde estamos situados y cuál es la oferta ambiental a la que nos enfrentamos. En 1783 cuando José Celestino Mutis iniciaba los trabajos en la expedición botánica, en sus primeros apuntes escribió: ACABO DE ENCONTRAR LA TERCERA DIMENSIÓN FITOGEOGRÁFICA DE LA TIERRA. La verdad, en un principio, casi no logro entender su verdadero significado y tan solo unos años después saltó a mi vista la respuesta, cuando estaba buscando información sobre la pluviosidad en diferentes zonas del país y encontré que las estaciones meteorológicas de la Federación Nacional de Cafeteros, en Jirosaca en la Sierra Nevada de Santa Marta (710 m.s.n.m), La Bella en el Quindío (1.450 m.s.n.m) y Consacá en Nariño (1.700 m.s.n.m), tenían como temperatura promedio: 20 grados centígrados. Esa es la tercera dimensión: con situaciones geográficas tan distantes y unas alturas sobre el nivel del mar tan distinto, su temperatura promedio es igual.

Lo segundo sería interesante revisar los modelos de fomento agrícola, pasando de una cadena interminable de intermediarios, a una Intervención Mixta, donde los actores sean directamente las Empresas Agroindustriales y los Agricultores Colombianos. Me explico: A manera de ejemplo, supongamos que la industria citrícola esté requiriendo un aumento significativo de las áreas cultivadas en Colombia y de esta manera sustituir las importaciones de concentrados de naranja. En el modelo actual las Empresas Agroindustriales, hacen su declaración de renta, la presentan a la DIAN, pagan sus impuestos al Ministerio de Hacienda, este a su vez hace traslados presupuestales al Ministerio de Agricultura, así mismo, el Ministerio transfiere recursos a institutos descentralizados, paralelamente hay caza proyectos que solo viven en función de CAZAR recursos del estado, para que finalmente y después de una cascada de intermediarios lleguen los recursos a los agricultores, donde en ocasiones son deficientemente invertidos y muchos otros desaparecen con el  transcurrir del tiempo.

Cuando hablamos de  Intervención Mixta  me refiero a que las Empresas Agroindustriales realicen directamente los proyectos, pero con los recursos que tienen que pagar al Estado por sus impuestos. Así es, son precisamente las empresas las que conocen sus necesidades, son las que tienen claro que sembrar, donde sembrar, cuanto sembrar, como sembrar, que tipo de variedades sembrar, que tipo de semilla utilizar, en fin, no tiene sentido que  la inversión de fomento agrícola se realice mediante un viacrucis de intermediarios, cuando hay caminos más seguros, económicos  y efectivos. Retomando el ejemplo de los cítricos, si el estado quisiera fomentar la siembra de naranja en comunidades vulnerables, sería mucho más eficaz que las empresas agroindustriales que estén en este negocio, puedan con los recursos que deben pagar de sus impuestos, reportarlos a la DIAN, pero invertirlos sin intermediarios, sembrando directamente en asocio con las familias guardabosques las áreas de naranjas necesarias  para abastecer la industria, con las variedades adecuadas, en el sitio adecuado, con tecnología adecuada, es decir, sembrar lo que se requiere, en el sitio correcto y de la manera correcta.

El porqué de este planteamiento: hace poco tuve la oportunidad de visitar los programas  de sustitución de cultivos ilícitos que se están realizando con las familias guardabosques en San José del Guaviare, que como principio filosófico me parecen pertinentes, pero que lamentablemente a mi manera de ver, no se están realizando adecuadamente, pues en áreas muy pequeñas se han promovido siembras mezcladas bajo el  modelo de arreglos forestales de: Arazá, Copoazú, Cocona, Chontaduro, Manzana del Amazonas, Cacao, Cítricos, Yuca y otras más, donde cada una de estas especies requiere una oferta ambiental diferente y lo más preocupante, es que es absolutamente inviable, que cuando las familias guardabosque dejen de percibir los auxilios que les otorga el gobierno, se puedan sostener dignamente en ese puñado de tierra.

Para finalizar, quiero referirme al caso de una práctica ejemplar de la agricultura colombiana.

Cuando se inició la operación de la División Agroindustrial de Meals de Colombia S.A. (antes CICOLSA, S.A.) se tenía como prioritario el acopiar volúmenes importantes de fruta con el fin de tener una adecuada ocupación de la planta, situación que no se dio, pues se detectó que existía un problema estructural de gran impacto para la industria, como era el de la baja calidad interna de las naranjas sembradas hasta ese momento en la zona cafetera, que no reunían los requerimientos para el proceso de jugos y concentrados. Como solución no era tan claro que fuera factible la introducción de materiales foráneos, por estar situada Colombia y nuestra citricultura en condiciones tan distintas tanto de latitud como de altitud, con respecto a los otros países tradicionalmente citrícolas. Luego se inició en el año 1995 una rigurosa identificación, selección y clasificación de árboles parentales de la región, hasta que se logró desarrollar la Naranja SWEETY ORANGE,  una variedad que se convirtió en la redención de la citricultura del Eje Cafetero pues cumplió con todos los requisitos establecidos por la industria de los jugos y concentrados, tanto a nivel nacional como internacional.

En el pasado para la elaboración del Jugo Country Hill, era  necesario importar la materia prima del Brasil y Estados Unidos y hoy, gracias a la Sweety Orange, este jugo es procesado con  Naranjas 100% COLOMBIANAS.

 

Alberto Montoya Fayad
 
Gerente Agroindustrial Meals de Colombia S.A.