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Por: Santiago Vélez Toro diciembre del 2008
Me dijeron que hago parte de una generación perdida, que todos aquellos que nacimos entre el 75 y el 89 somos producto de la industria cultural y el sensacionalismo mediático, me dijeron con un aire superior que carecíamos de ideas y que éramos copias extraordinarias de aquellos que vivieron en pasadas décadas. No vivimos mayo del 68, y la guerra mundial no se peleo estando vivos, por el contrario nos invadieron las drogas y nos acercamos a la decadencia. Esta señora me dijo que nos tocó fácil, que nuestros padres y abuelos fueron los que sobrevivieron y sacaron adelante el país a pesar de La Violencia y la escases de oportunidades. Me dijo tantas cosas que no las recuerdo todas: sé que me habló de Woodstock y que no habíamos cambiado nada, que solo vinimos a poblar más la Tierra y a traerle más problemas, me dijo que somos muchos y que eso es lo que está destruyendo el planeta.
Y me fui pensando un poco aburrido, yo por lo menos no he cambiado al mundo, el mundo ni siquiera conoce lo que pienso, pero caída del cielo, como enviada por una fuerza infinita y colectiva que supiera lo que necesitaba escuché “Somos Viento”, pasando al frente de una tienda de discos. Y con esa canción me di cuenta que somos los llamados a cambiar las dinámicas de éste, nosotros señores, los que somos jóvenes y lo sentimos en nuestra piel tenemos la responsabilidad de la transformación, no somos lo suficientemente viejos para decidir no dar la vuelta, ni somos lo suficientemente chicos para ser indiferentes frente a la situación. “Somos viento energía y movimiento de aquí pa´alla”, la alegría de nuestros padres, el motor de su esfuerzo. “No somos fracaso”, somos unos duros llenos de potencia e inventiva, repletos de iniciativas y con las mejores ideas. Si bien no vivimos mayo del 68, fuimos víctimas pasivas de una guerra que por lo menos en Colombia tocó a todo el mundo, y vimos por televisión como se mataban palestinos e israelíes, vimos a Estados Unidos devastar Irak dos veces y Afganistán, vimos como la lucha por la libertad se convirtió en una excusa para justificar la dominación; recuerdo a Francia probando armas atómicas en el mar y a unos tipos estrellando aviones repletos de inocentes contra edificios llenos de inocentes. Y saben que digo, somos la generación sin odio, sabemos perdonar y tolerar, no nos interesan las peleas partidistas heredadas y sobre todo, somos críticos y pensantes; nunca más nos meterán los dedos en la boca ni acallarán las voces de pensamientos alternativos con dictaduras disfrazadas de democracias, porque habrán más voces y cada vez más, porque somos creativos y hemos abierto de manera incontable los canales de expresión.
No es necesario que nos den las gracias, lo hacemos con gusto. Estamos adquiriendo una conciencia social y ambiental que es reproducida en el mundo por jóvenes que piensan que sus acciones pueden desencadenar revoluciones enormes capaces de alterar de manera positiva el orden social y político del planeta (Tenemos un cultivo de líderes increíblemente capaces). Porque a diferencia de muchos, amamos el lugar donde vivimos y estamos dispuestos a dar la lucha por su conservación, porque los errores no los iniciamos nosotros, pero si no hacemos nada seremos tan culpables de la degradación social y ambiental que entraremos en la historia como la generación que decidió no hacer nada, los consumistas, los conformistas.
Pero definitivamente ese pasivismo no es una característica de mi generación, con gusto observo cómo hemos asumido el reto de cambiar la mentalidad de las personas enseñándoles que la aceptación y la tolerancia son parte fundamental de ese aprendizaje continuo que es la vida, gustoso veo que vamos reproduciendo una ola de alegría con nuestras creaciones que alcanza y contagia a los que nos permiten entrar brindándoles fortaleza y júbilo. Somos la generación que supo arrinconar las diferencias entre los pueblos para dar la mano a todos, porque somos la generación global, la que se mueve y transmite información sin importar las fronteras (líneas imaginarias que separan unos de otros), somos la generación que tiene acceso a esa memoria infinita y colectiva que ha producido la humanidad desde sus comienzos para usar todo ese conocimiento en pro de la sociedad. Somos los llamados a transformar para bien y de una vez por todas el lugar donde vivimos.
Y aunque el reto y el camino me abruma y hasta me asusta por su grandeza, también me inspira y me permite cada día al despertar, llenar mi mente ilusiones posibles y deseos alcanzables.