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Por: Jorge Mauricio Bonilla R Octubre del 2008
La expedición botánica inició con el recorrido que hizo Mutis, nacido en Cádiz (España) cuando le propusieron viajar como médico del Virrey Pedro Messía de la Cerda en el año de 1760. Luego de atravesar el océano, llegó al “Nuevo Mundo”, a la bella ciudad de Cartagena, sin duda una bienvenida cálida e imponente para cualquier turista del mundo. Después de varios días y de un desgastante viaje, faltaba lo peor y lo mejor, según como se viera, un recorrido feroz a través del Río Magdalena encontrándose con paisajes hermosos e imponentes durante todo el recorrido. A su llegada a Bogotá, luego de andar otro par de días en Caballo desde Honda, finalmente pudo descansar.
Aquí arrancó para él una batalla, una lucha constante que duraría unos 20 años hasta que finalmente recibió el aval de la corona española para cumplir su sueño: emprender la primera expedición botánica en Colombia con fines científicos fruto del cual salió la quina, primer gran producto de medicina naturalista que fue exportado durante varios años a diferentes partes del mundo. ¿No sería interesante un paseo bien sabroso mientras revivimos estas bellas historias? Los invito a que hagamos un breve recorrido.
Empecemos entonces a pasear por Bogotá para que no haya excusas de revivir esta expedición. ¿Qué tal invertir un sábado o un domingo $ 2.000 pesos para darle una vuelta al jardín botánico?
Es un plan relajante, tanto para ir solo como para ir acompañado (caminar por los jardines de la mano de la pareja puede ser muy romántico además que es un excelente plan familiar para llevar a los hijos). Qué tal salir a caminar por la Candelaria, ver la historia con los propios ojos y caminar detrás del capitolio para ver el primer observatorio astronómico que hubo en Hispanoamérica (su construcción data de 1810, seis años antes de la apertura de la Puerta Falsa en la 11 con 6ta). Luego de dar una vuelta que no cuesta más que una agua de panela completa, podemos pasar a la Plazoleta del Rosario en la calle 14 con 6ta. Aquí, Mutis dio clases de matemáticas (Universidad del Rosario), influyó en la mente de muchos con sus ideas científicas, naturalistas, empresariales y de libertad. Aquí mismo, en la capilla de la Bordadita, reposan hoy en día sus restos luego de su muerte el 11 de Septiembre de 1808.
Ahora, si quedamos con ganas de más (esa es la idea) y nos gusta salir de Bogotá, recibir calor, descansar y conocer cosas nuevas, los invito a que se vayan un fin de semana o puente, a revivir la expedición botánica en el calor del corazón de Colombia. Salimos temprano cualquier sábado vía Girardot, pasando por la Mesa (Cundinamarca) donde fue por unos días la primera sede de la expedición botánica; aquí podemos tomarnos un jugo con algo de medias nueves para calmar un poco la ansiedad del viaje. Barriga llena, corazón contento y retomamos nuestro camino hasta llegar a Girardot. Aquí preguntamos dónde está el puerto para tomar el Ferry que lleva nuestro carro a través del Río Magdalena hasta Ambalema (Tolima) mientras revivimos en carne propia y por algunos minutos aquel viaje feroz que tuvieron que hacer los españoles y diferentes personajes del mundo e incluso colombianos como García Márquez, para llegar a la capital del país.
Llegamos a Ambalema, un viejo pueblo famoso por su producción de tabaco en el Siglo XIX y que llevó a los ingleses a construir una casa espectacular que hoy es emblema del municipio. Sugiero un buen almuerzo con mojarra, bagre o bocachico en el Hostal Santafé (no se ve muy agradable para quedarse pero puedo dar fe que el pescado frito les queda muy bien preparado). Antes de salir a nuestro próximo destino, podemos dar una vuelta por las ruinas para bajar el almuerzo y tomarnos un refresco. Cuando ya estemos relajados, salimos hacia Mariquita, destino donde finalmente nos quedamos (tiene buenos hoteles y de todas las categorías, sugiero el hotel Rancho de Luigi o el Hotel Campestre Cerro Dorado).
Mariquita fue por muchos años la sede de la expedición botánica, aquí podemos ver la casa de los pintores, la casa donde vivió Mutis, una casa llamada la segunda expedición botánica que hace las veces de museo y es completamente espectacular, podemos pasar también por el bosque de San Sebastián que permanece aún intacto con su fauna y flora y está abierto al público. Hay una niña, hija de Orlando Velásquez que vende artesanías con las imágenes de Mutis, realmente muy bonitas y recomendadas para que preguntemos por ella en el pueblo.
Bueno, sol, piscina, montañas, descanso y buena compañía será el denominador común de este maravilloso paseo por el corazón de Colombia. El clima es espectacular, Mariquita tiene un bosque húmedo que genera un microclima permitiendo que haya calor pero no a temperaturas sofocantes, es realmente ideal para salir de paseo.
A tan sólo 15 minutos de Mariquita se encuentra Honda, un municipio que tuvo gran importancia ya que fue el principal puerto de la época, por aquí salió toda la quina y los grandes comerciantes de Colombia tenían fincas o casas de descanso en esta zona. Honda sorprende porque desafortunadamente, cuando vamos de paso por este lugar, vemos lo más feo, el municipio no invita a conocerlo pero si aceptan mi sugerencia, tienen que conocerlo porque cuenta con un centro histórico hermoso, una Cartagena chiquita con balcones, calles empedradas y paisajes increíbles. Un lugar fascinante que no podemos dejar de conocer. Artistas y personas de la farándula tienen hoy en día casas de recreo en Honda (apuesto a que en 5 años será un lugar muy frecuentado, ¡que después no digan que no avisé!).
Ya para finalizar nuestra gran expedición, de regreso a Bogotá por la vía Honda Bogotá, está Guaduas, lugar donde nació Francisco Javier Matís, el mejor pintor de flores y plantas del mundo según Alexander Von Humboldt quien estuvo en Colombia y llegó primero a conocer a Mutis y a Matís. Guaduas fue también cuna de la Pola (Policarpa Salavarrieta y heroína colombiana) y tiene entre sus atractivos el convento, lugar de hospedaje fijo para los viajeros que tenían a Bogotá como su destino final o que venían de Bogotá hacia las costas del país (entre otras cosas, Bolívar le escribió su última carta de amor a su amante, Manuelita Sáenz en este convento). Un muy buen final para un muy buen viaje lleno de nuevas experiencias, aprendizajes y mucho descanso y regocijo espiritual en compañía de la familia.
De Guaduas salimos para Bogotá a descansar, para empezar con ánimo una nueva semana donde trabajaremos con más ganas y mejor esfuerzo para sacar a nuestro país adelante. La expedición botánica y la obra de Mutis, deja muchas reflexiones. Resalto lo siguiente:
Lo primero es que hay que soñar. El que no sueña, no llega a nada y siempre se preguntará por qué. Un sueño sin trabajo, dedicación, persistencia y resiliencia no será exitoso. Si se trabaja con verdadera pasión, honestidad y con estrategias claras, se logra un resultado. Todos podemos lograr lo que nos proponemos si así lo queremos. Dios quiere, las estrellas y los planetas también. ¿Nosotros queremos?
Una forma de trabajar por el país es viajar por él, conozcamos bien, dejemos pesos (plata, así sean unas onces, no llevemos nada desde Bogotá) en cada municipio que visitemos, no solo basura, así cada vez construiremos un mejor país y lo vamos a querer más. Colombia es increíble, la historia de Mutis apasionante, vamos por nuestra propia expedición botánica, en el mismísimo corazón de Colombia.