Hay momentos difíciles de describir y peor aun cuando se trata de plasmarlos en unas pocas palabras. Hay momentos que se antojan eternos. Ese abrazo, ese beso, esa sonrisa, esa mirada repentina, ese momento de triunfo, esa alegría de verse de nuevo. Esos son momentos perfectos. Y hoy, dos años después de haber empezado, no puedo dejar de pensar en todos los momentos perfectos que hemos construido. Aquel que tenga un sueño debería saber que no hay mayor placer que compartirlo y descubrir que los sueños son contagiosos. Van volando cerquita de las nubes y si nos esforzamos un poco podremos bajarlos e instalarlos en el corazón - única tierra fértil para los sueños.
Así llego este sueño a mi corazón. Como algo inesperado y muy poderoso. Llego para quedarse, para que fuera cultivado, creciera, diera frutos y conquistara otros corazones. Sin darme cuenta empezó a crecer y fueron la pasión y la perseverancia las primeras raíces que crecieron con él. Con ellas empecé a trabajar.
Pero a los sueños les pasa lo mismo que a las plantas. Hay que regarlos y abonarlos constantemente para que se conviertan en árboles fuertes. Viviendo en un país en guerra, donde las malas noticias inundan los periódicos y debilitan el espíritu, descubrí que todos los días pasaban cosas buenas que no eran contadas, tal vez por pequeñas, tal vez por aparentemente insignificantes, pero todas ellas eran la fuente de esperanza de mi nación. Cosas que parecían rutinarias pero eran mágicas. Pequeños acontecimientos que construían historias de amor desinteresado. El sudor derramado por un día mas de trabajo y recompensado por el abrazo los niños al llegar a casa, las sonrisas de esos estudiantes que después de haber enseñado a leer a los pequeños menos favorecidos volvían a casa con el cuerpo cansado y el alma renovada, el dolor de los músculos por haberle construido la casa a quien hasta ese día dormía sin techo, la alegría de saber que por mas que lo intentaron no lograron doblar la voluntad de un hombre recto. Eran tantas las historias que llegaban cada día a mis oídos que este sueño empezó a crecer regado por cada palabra, de cada historia, creada por todos los que ahora han cultivado este sueño en sus corazones. Así, descubrimos que éramos testigos silenciosos de grandes acontecimientos que las palabras no estaban transmitiendo.
Hoy dos años después de haber sembrado RECOJO, veo con alegría como sus ramas están creciendo y su semilla se instalo en todos nuestros corazones, para que juntas, nuestras manos y voces, no dejaran de contarle al mundo que el amor, el servicio y la alegría escriben una nueva historia en nuestro país. Entendimos que en nuestra nación, algunos atacan con balas y bombas pero en verdad no es un ataque, se están defendiendo, escondidos en su miedo e ignorancia se defienden de nosotros, pues somos más quienes disparamos abrazos, hacemos explotar carcajadas y amenazamos con no parar de reírnos.
Aprendimos que amar es hacer el bien. Es aprender a pensar bonito. Es ver la magia que se esconde en lo sencillo. Es dar sin esperar nada a cambio, es descubrir la alegría de servir y vivir para contarlo. Amar es bueno, es bonito, es sencillo, es servir, es vivir la alegría de darse sin esperar nada a cambio. Por eso hoy, listos para continuar, con las mangas remangadas, el corazón dispuesto y el porvenir incierto es que estamos preparados para abonar una ilusión en la tierra de la esperaza y así trabajar con pasión y sin descanso para crear más momentos perfectos y contagiar a otros con la alegría de servir. Seguiremos esculpiendo fuertemente nuestra nación como Miguel Ángel escupía el mármol:
Un día, el papa Julio II miraba a Miguel Ángel, uno de los más grandes escultores de todos los tiempos, atormentándose por tallar rápidamente un bloque del mármol. Él le preguntó: "Pero, ¿porqué esculpe tan fuertemente?" Miguel Ángel le contestó: "¿Acaso no ve que hay un ángel cautivo en ese trozo de mármol? Lo que hago es tratar de liberarlo".
Que estos dos años marquen la pauta de los demás pues así tendremos asegurado un futuro promisorio. Seguir esculpiendo este bloque de mármol es liberar esta ilusión que llevamos dentro. Un día cualquiera, ubicado en el futuro cercano, cuando llegue el tiempo de la cosecha, de recoger los frutos de nuestro sueño, viviremos en una Colombia nueva, una Colombia en paz.

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